lunes, 27 de mayo de 2013

Carta Abierta Nº 13: "Lo Justo", Publicada en la víspera de los festejos del 25 de Mayo de 2012

TEXTO COMPLETO DE LA CARTA ABIERTA/13

Lo justo

El colectivo de personas de la cultura, las ciencias y las artes surgido en marzo de 2008 da a conocer otra de sus discutidas reflexiones a partir de la ofensiva mediática desatada. “Como en otros momentos de nuestra historia en la que gobiernos populares fueron derrocados por ominosas dictaduras, mediante la estética del más consumado amarillismo periodístico, buscan destruir no sólo un gobierno sino la propia legitimidad de la política”, aseguran.


Comenzamos esta carta –que a la vez es un llamado– con la fácil comprobación de cómo han avanzado, de qué recursos se valen y cómo se realizan los crecientes procesos de deslegitimación del Gobierno. El estadio siempre presente de lo político, si bien no suele ser el más hablado, es el de la creencia colectiva, la libre opinión emancipada del tejido social. Hay un tono diario que tienen el hombre y la mujer de la calle para expresar en un sistema sabido de signos rápidos, sus opiniones sobre la relación de los hechos colectivos con sus propias perspectivas vitales. Como sabemos, son la forma más profunda y también menos formalizada de las opciones políticas. Creencias en estado de insinuación, que suelen llamarse humores o estados de ánimo, nombres imprecisos pero elocuentes, en cuyo otro polo suelen estar las elucubraciones más exigentes, el cálculo de los políticos y el modo real en que operan las fuerzas sociales y económicas.
Estamos hablando del basamento efectivo y crítico en que se enraíza todo gobierno, el sustento de la verosimilitud del vivir común en un sociedad, las hipótesis que nos dejan entrever que no hay miedo en la convivencia, que hay esperanza en la vida pública y argumentos, por más que puedan ser apenas borroneados, en la esfera manifiesta de las acciones democráticas. Revistiendo tanta importancia el núcleo de creencias públicas que son siempre cambiantes, pero no impiden revelar una viga maestra de donde toda comunidad viviente extrae el concepto de lo justo, hasta cierto punto es lógico que sean ellas las primeras atacadas. Ellas deben ahora encontrar sus propias lógicas expresivas ante el avance impiadoso de una narrativa mediática que apunta a deslegitimar, bajo la forma de un relato brutal, lo recorrido desde mayo de 2003. Para producir el ataque buscan sus símbolos evidentes, las palabras que ciertos ritos, ingenuos o profundos, señalan como el lugar de la creación de mancomuniones sociales. Es lógico, decimos, que quien desee perjudicar de modo extremo esta conjunción ciudadana donde se encuentran las instituciones visibles y la vida cotidiana, las políticas públicas y las realidades del trabajo, la actividad persistente de las más diversas militancias, dirija su hostilidad a los cimientos formadores de la adhesión que se congrega en las capas de la población que sostienen una experiencia singular de cambios sociales. ¿Qué cambios? Los que implican que por primera vez en la historia nacional se discutan aspectos de la organización del Estado y la sociedad, de la Justicia y los medios de comunicación, con sentido emancipador y no restrictivo o portador de coerciones. Se trata, después de muchos años, de darle a la idea de justicia una dimensión que logre articular lo que siempre fue prolijamente separado por los poderes económicos: la libertad y la igualdad. Contra la apertura inédita de estas dimensiones fundamentales de la vida social es que se dirigen estas acciones profunda y visceralmente desestabilizadoras no sólo de la continuidad de un proyecto transformador sino, también, destinado a incidir insidiosamente sobre el sentido común de una parte significativa de la sociedad que es capturada por ese discurso destructivo y hostil de cualquier forma de convivencia democrática. De las cloacas del lenguaje se extraen los argumentos que, más allá de cualquier prueba, son presentados como la verdadera cara de un gobierno supuestamente atrapado en su propia red de venalidades y corrupciones. Ya no importan las diferencias políticas o ideológicas, tampoco los modelos económicos antagónicos, lo único que le interesa a esta máquina mediática descalificadota es sostener un bombardeo impiadoso y constante que no deje nada en pie.
Pero entonces, con menos pruebas que arietes dirigidos a mansalva, ausentes los fundamentos del uso de la prueba, la investigación, el juicio sobre las leyes y el mismo andamiaje legal del país, se considera todo ello fruto de un espíritu despótico, de jefes políticos que se prepararon toda una vida para llegar a la función pública mandando agrandar los cofres familiares mientras pronunciaban palabras como impuesto a la renta agraria o asignación universal por hijo. Nuevamente la impostura pero ahora justificada por un ansia desenfrenada de enriquecimiento. La oscura figura del avaro, la brutal construcción del “judío” con los bolsillos llenos de dinero que supo desplegar el antisemitismo exterminador, el relato de fabulosas bóvedas rebosantes de oro y de billetes se convierten, como en otros momentos de nuestra historia en la que gobiernos populares fueron derrocados por ominosas dictaduras, mediante la estética del más consumado amarillismo periodístico, en santo y seña de una oposición que busca destruir no sólo un gobierno, sino la propia legitimidad de la política. Todos los recursos de esas estéticas televisivas y de la ficcionalización disfrazada de realidad son movilizados por quienes buscan horadar a un gobierno que, por primera vez en décadas, cuestionó injusticias y desigualdades, tramas monopólicas y abusos de poder de quienes siempre se sintieron los dueños del país. Quieren sembrar la duda en el interior de la sociedad. Buscan emponzoñar una realidad que ha sido transformada en un escenario por el que desfilan políticos corruptos, valijas llenas de dinero, oscuros entuertos financieros, prebendas nacidas del afán pantagruélico de quedarse con riquezas fabulosas. Atacan no sólo al kirchnerismo. Su objetivo es más amplio: apuntan a destituir cualquier posibilidad de que la política sea un instrumento emancipador.
Pero si se discute la Justicia es porque finalmente una comunidad arribó a la discusión de lo más profundo que hay en la Justicia: lo que se halla en las pausas internas de sus articulados, en la manifestación misma de las figuras del derecho, que es lo que aquí llamamos lo justo. El intrínseco actuar común en torno del diferendo que se resuelve con argumentos y el pensar sobre los otros. Lo justo es la alteridad de nuestra propia vida ofrecida como prueba de que ella misma debe introducirse en esos domicilios del pensar común sin hacer excepciones a favor de uno mismo. Lo justo también como una práctica que, al mismo tiempo que reconoce al otro y a su diversidad, también se afirma en la distribución más igualitaria de los bienes materiales y simbólicos. Lo justo no como retórica de lo nunca realizado sino como evidencia, más que significativa a lo largo de esta última década, de un proceso de transformación social que no sólo vino a reconstruir derechos sociales y civiles sino a poner en cuestión la hegemonía de aquellos que condujeron al país a la desigualdad y la injusticia. Eso es lo que no perdonan ni aceptan. Contra eso dirigen todas sus baterías mediáticas y sus golpes de mercado.
Sin embargo, los ataques a lo justo comienzan siempre en los lugares más sensibles, que son donde se equilibran el deber de los funcionarios con la organización de un formidable sistema para repartir cuotas perseverantes de sospechas o suspicacias respecto de su probidad y acciones regidas por lo que convenimos en llamar ética pública. Esto ocurrió en todas las épocas, porque no es de hoy el descubrimiento de que la ética pública es menos un decálogo de virtudes que un sistema de símbolos de enorme fragilidad que tiene su domicilio último en el empleo consistente y verídico de la palabra pública. No sabríamos decir, ahora, si las enormes maquinarias para horadar a los cuadros dirigentes de un país han excedido, por un lado, lo que ocurría en épocas pasadas, cuando eran las grandes crisis económicas, los procesos interminables de inflación –como en la Alemania de los años ’20–, los ámbitos de incerteza que hacían que todo lo sólido se evaporase en el aire. Sí sabemos que están dispuestos a empeñarse a fondo, sin ahorrar ningún recurso, para descalificar a un gobierno que ha puesto el dedo sobre la llaga del poder hegemónico en el país; de un gobierno dispuesto a doblar la apuesta abriendo brechas antes inimaginables en el interior de una sociedad que parecía entregada al saqueo de todas sus esperanzas.

Una época de cambios en una perspectiva democrática y popular implica un orden de credibilidades públicas donde no sea la prepolítica del miedo la que dirija la economía sino la economía la que se inserte como acto inherente a las figuras explícitas del argumento político. Los pronósticos de las crisis capitalistas como los que realizara Rosa Luxemburgo en 1913 o las graves desidias comprobables que se notaban en la esfera pública en las épocas que llevaron a terribles guerras siguen siendo aleccionadoras. A estos eventos, que denominaríamos crisis objetivas de los sustentos de los regímenes representativos parlamentarios, se les agrega ahora el proyecto de originar un descalabro en las figuras públicas que son emblemas de gobiernos populares y le dan su forma de aglutinamiento, especialmente fijadas en su nombre. Lo que antes era la consecuencia de la debilidad de regímenes parlamentarios que fueron sistemáticamente carcomidos por la ampliación de la crisis económica y el avance de las derechas fascistas hoy ha mutado en una prédica seudomoralista que busca deslegitimar a gobiernos democrático-populares utilizando los recursos, antiguos, de la denuncia serial y el fantasma de la corrupción. No ha habido en el pasado ni en la actualidad un solo gobierno popular que no haya recibido las descargas de esa seudomoralina autoproclamada como el último bastión de la verdadera república siempre amenazada por los populismos. Una simple y rápida revisión del papel de ciertos medios de comunicación en nuestra historia, al menos desde Yrigoyen en adelante, permitiría poner en evidencia la falta de originalidad de la actual campaña desestabilizadora que se viene llevando a cabo en nombre del “periodismo independiente”. Otro tanto comprobaríamos con sólo echar un vistazo a lo que ocurre en otros países de la región en los que los intereses de la derecha se complementan perfectamente con el funcionamiento de los grandes medios de comunicación. Nunca ha sido tan clara la intervención desestabilizadora de la máquina mediática puesta al servicio del establishment económico-financiero. Un lenguaje surgido de las letrinas amarillistas y de las gramáticas del golpismo histórico se despliega con virulencia insidiosa desde las usinas del poder mediático que han dejado de apelar a cualquier tipo de argumentación para desencadenar, una tras otra, una batería de rumores, mitos urbanos de enriquecimientos olímpicos, denuncias indemostrables articuladas con una colección de personajes que van de los lúmpenes del jet set vernáculo a una ex secretaria despechada.
Se funda entonces una maquinaria de horadar, que por supuesto no es nueva y que incluye muchos antecedentes en el pasado inmediato de la cultura social de Occidente, y especialmente de nuestro país. Indirectamente aludimos a la caída de la República de Weimar que dejó abierto el camino para el ascenso del nazismo al poder, pero también a los climas previos fomentados por agencias operativas de los intereses derrocadores, en el caso del gobierno de Arbenz –en Guatemala– y del candidato Gaitán –asesinado en Colombia en plena campaña electoral–, desde luego, siempre con climas en la prensa donde se hace cabalgar con mayor o menor grado de ingenio a los jinetes del Apocalipsis, pero con actos donde de repente se abren los enrejados de infinitas acusaciones de los ámbitos conservadores, de cuyas tinieblas puede emerger el revólver donde habita, como dueño del argumento seco, el disparo final. En nombre del saneamiento moral de la república se abrieron las compuertas para los peores regímenes dictatoriales. En nuestra realidad sudamericana, en ese mismo nombre se busca terminar con los proyectos de matriz popular y democrática que comenzaron al final de la década del ’90 con Hugo Chávez en Venezuela y que se continuaron en Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia y Ecuador, signando un tiempo extraordinario en la historia de un continente dominado y sumergido en la pobreza y la desigualdad por aquellos que siempre hablaron en nombre de la moral pública. En su nombre avanzó el golpismo en Honduras y Paraguay.
Estamos en tiempos diferentes, pero en los cuales una sutil forma de golpismo opera todos los días bajo el amparo de los nuevos estilos de escenificación, agrietamiento y cancelación de las creencias sociales. Ejemplos de esta actitud no son difíciles de encontrar en la historia de nuestro país. La campaña del diario Crítica en los años ’20 es un ejemplo característico y debe estudiarse en todas las escuelas de comunicación social. Más allá de la figura, curiosa e interesante en su excentricidad, de Natalio Botana, el diario salía con sus martillos cotidianos a perforar creencias cívicas con ejemplos resonantes de corrupción, ineficiencia, extravagancia del gobernante (la senectud de Yrigoyen) y la asimilación de sus partidarios al Ku Klux Klan. Hombres sinceros de izquierdas y derechas –que precisamente se congregaban también en la redacción de Crítica– adoptaban estas manifestaciones de ingenio metafórico del diario más popular, a fin de no sentirse expropiados en su conciencia si caía al fin y al cabo un gobernante llamado inepto –llorado pocos años después, en ocasión de su fallecimiento, por millones de argentinos, muchos de ellos embargados en un tardío y comprensible arrepentimiento–. Por cierto, estas corrientes subterráneas cuyo índice sísmico es la inmediatez del cuadro económico (la Argentina ha salido de crisis profundas, pero atraviesa conocidos problemas: para el primer caso no conceden reconocimientos, para el segundo ausentan toda clase de comprensión), operan como corrientes que siempre han actuado como terreno ya roturado para las aventuras contrainstitucionales, aunque pasan muchos períodos dormidos a la espera de sus irrupciones cíclicas en la historia nacional. Hoy regresan tratando de cerrar un tiempo argentino caracterizado por el avance poderoso de políticas de reparación social. Van en busca de la reconstrucción de sus privilegios y, para ello, no dudan en movilizar tanto los recursos de la espectacularidad televisiva como la complicidad de una oposición carente de ideas propias. La sombra del revanchismo social, esa que conocimos en 1976 y que acabó instalándose con el menemismo, se yergue como una amenaza contra todas las corrientes populares y progresistas y no sólo contra el Gobierno. ¿Comprenderán los genuinos demócratas que de triunfar la alquimia de vodevil mediático, intereses corporativos, gestualidad antipolítica y neogolpismo especulativo, lo que nos espera será nuevamente el vaciamiento de la vida institucional democrática y el retroceso social? ¿Entenderán que lo que está en juego es la propia idea de la política como instrumento emancipador? El aliento fétido de la regresión neoliberal sale de la pantalla impúdica los domingos a la noche.
No actúan con pruebas ni documentos irrefutables. Están antes de la prueba y el documento, en esa faja indocumentada (no que no los tengan en sus identidades propietarias, puesto que son los que más los poseen) respecto de qué es, qué fue, qué termina siendo un ciclo histórico en la Argentina. No actúan en nombre de lo justo, sino de una peripecia espiritualmente de las más complejas, llamando justicia al desequilibrio social que actúa a su favor, y llamando golpismo a lo que haría el Gobierno, a fin de justificar lo que con vergüenza en el decurso de los tiempos muchas veces terminaron acompañando, esto es, sus propios llamados golpistas sin precisar pronunciar ese mismo nombre. Lo hacen con la facilidad llamativa de haberse convertido en pobres comediantes de las derivas fatales de militares golpistas y ministros de Economía que revestían de argumentos nacionales un fatídico arte para la depredación de los recursos financieros, energéticos y económicos de la nación. Son actores de un relato que afirma la condición autoritaria y hasta dictatorial del Gobierno para generar las condiciones de una irrevocable restauración conservadora. Son quienes sin sonrojarse hablan desde sus editoriales de “terrorismo simbólico de Estado” utilizando la tribuna que se benefició del terrorismo real que durante la terrible dictadura de Videla le dio forma a la apropiación de una empresa que acabó en las manos de quienes construyeron el monopolio del papel para diarios en Argentina. El cinismo y la mentira como instrumentos de esa moral republicana que dicen defender.
Estas porciones no siempre pequeñas de la población han aguardado en sus reductos sentimentales, con su arte de mascullar formas de opinión que hacen al juego normal de la democracia, pero son multitudes disconformes de su propio lenguaje democrático, que no dudamos que lo tienen, pero como posesión particularista, sin animarse a definir lo democrático como lo justo y lo justo como la contingencia donde hay que decidir a favor del bien público siempre. Por eso tiene también el exceso respecto de ese lenguaje, una sobra inabsorbida por sus corazones que, por motivos no siempre incomprensibles, dudan sistemáticamente y a priori de las medidas sociales progresistas y reaccionan cuando perciben tropiezos, que es evidente que los son, que son sometidos a un sistema de magnificaciones e hipérboles donde todo es escandaloso y falso. Nada más impropio que a un país lo dirijan falsarios enmascarados. ¿Se precisaba el magno folletín que contara esta historia fantasmal con castillos draculianos y llamados telefónicos a carpinteros infernales que construyeran bóvedas, criptas o cúpulas salidas de un relato de Edgar Allan Poe, que los carpinteros de la utilería televisiva tratan de remedar entre risotadas?

Han descubierto una consigna que merece algún análisis, que es lo contrario de lo que aquí llamamos lo justo. Una consigna que tiene su vigencia absolutamente atendible en el momento del accidente lamentable y doloroso en la estación Once –“la corrupción mata”– y que parece resumir uno de los aspectos que contiene el golpe certero de un conjunto de problemas que ni son inexistentes ni admiten el sumario tratamiento cercano al de la justicia mediática que exige rapidez y se excusa de la falta de pruebas en nombre del difuso concepto con que han reemplazado al pueblo: “vos”. Pero aquí hay decenas de ciudadanos muertos, trabajadores que iban a sus lugares de trabajo y sucumbieron con una muerte absurda que no exime responsabilidades al Estado, los concesionarios, los operadores del sistema ferroviario en todos sus niveles. “La corrupción mata”. Es una verdad fundamental pero abstracta. Lo que critican es justo. Pero es lo justo a través de un encadenamiento argumental que omite eslabones fundamentales que, de no estar, toda sociedad sería imposible a no ser que esperásemos al Mesías que nos venga a salvar de esta estructura destructiva que conduce trenes, aviones, tratados internacionales, ómnibus de corta y larga distancia, subterráneos, ordena el cada vez más caótico tráfico callejero. Esa consigna, tan impresionante como es, no es un sinónimo del imperio de la justicia. Más bien es una proclama del Apocalipsis, donde según los sabios que lo escribieron el develamiento de cada sello, el misterio de las trompetas y las cifras cabalísticas llevan a erigir al cordero salvador mediante una Justicia rápida, encerrada en una creencia sin mediaciones, sólo basada en la facultad de la profecía. Todo resulta, desde ese enunciado catastrofista, un escándalo que demuestra, una vez más, que la responsabilidad de todos los males la tiene un gobierno que mientras anuncia que la pobreza desciende se dedica a construir bóvedas donde esconde las riquezas mal habidas. El vodevil televisivo, el stand up ingenioso, el improperio seudovirtuoso del periodista, puestos al servicio de una Justicia express que, una vez más, nos demuestra que todo está perdido mientras nos dejemos gobernar por un populismo de hipócritas. El añorado Capriles argentino se estaría preparando para venir a rescatarnos de tanta infamia. Su paridor, qué duda cabe, saldrá del espectáculo televisivo en el que la verdad siempre está siendo revelada.
Interesante ejercicio para los estudios serios de las relaciones que siempre se encierran en el magma profundo de las sociedades, aun las contemporáneas y protagonistas de la Revolución Industrial o informática. Pero la corrupción del capitalismo es silenciosa, no hay “amigos” allí sino “operadores”, ni toda impericia surge de los corruptos, que en todos los casos hay que identificar con pruebas. Si esa consigna la dijeran grandes filósofos de la moral, siempre que no lleven a que nos gobierne un nuevo Savonarola o la misma Inquisición, sería atendible. Pero en las sociedades democráticas hay recursos de investigación, juicios, sumarios y sentencias, que impiden la correlación rígida de estos dos conceptos. El corrupto que para serlo mata es tema de las novelas sobre el mal de los siglos góticos. Hoy, con esa frase se puede dejar de lado la verdadera corrupción de las grandes estructuras capitalistas de dominio para quedarse apenas con una serie de fotografías de casas solariegas de “nuevos ricos vinculados” que no hacen bien a los gobiernos, pero desvían la atención de las verdaderas incisiones que la lógica del Capital hace en la Justicia y en la Política.
No es justo que se empleen estos criterios para hacer de la Justicia una justicia mediática, sin pruebas, haciendo pasar todo discurso político por el cedazo del discurso cómico, de la afirmación desprovista de pruebas, de la manipulación de prejuicios sobre toda clase de funcionarios, y arrojando una sonora mácula contra las figuras centrales de este momento nacional, el ex presidente Kirchner y su esposa y actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. La acción no es nueva, pero lo novedoso es la recreación ficcional, el estilo de vodevil y de novela de terror gótico en la representación de las valijas de dólares, como utilería de la vieja tradición del circo-teatro, y del folletín popular en los bulevares de todos los tiempos. Si no tiene el menor sentido de lo justo, por lo menos tiene efectividad.
El impulso dramático que tienen estos métodos, que proviene del uso central de los medios de comunicación más entrelazados con una receptividad indignada (por razones ni siempre justas ni siempre injustas), pero que opta por una escena de truculencias que remiten a la clásica acusación del golpista que ve el origen de su insondable rencor en el supuesto golpismo de los otros. No admite ser un agente explícito de la libertad de expresión mientras dice que no la hay. Y así llega a instalar, como si sobre una entera ciudad se colocara una red de semáforos perfectamente coordinados, unas fuertes denuncias a la corrupción a través de técnicas folletinescas viejas y modernas. La espectacularización de las noticias en general exime de pruebas pero no de un monologuismo sostenido por escenas cómicas e imitaciones con propósito degradante, bien diferentes a la genuina crítica que los artistas del humor e ironía les han dedicado a los gobernantes, desde los tiempos del periódico El Mosquito, que actuó hace ya un siglo y medio en la política nacional.
¿Vivimos en sociedades sin corrupción? Esto no es posible afirmarlo. Pero es posible decir que la corrupción más importante –si este concepto ganara en tipificaciones jurídicas antes que en amorfas descripciones de comedia musical– es la que ocurre en las grandes transacciones capitalistas en materia de estructuras financieras ilegales, circulaciones clandestinas, excedentes que pertenecen a rubros invisibles de la acumulación de sobreprecios, instancias implícitas de gerenciamiento de dineros privados considerados como mercancía de las mercancías en pequeños países que no es que tengan sistema capitalista, sino que el sistema capitalista los tiene a ellos. Cuando la política se convierte en un engranaje subordinado que implica un eslabón implícito de remuneraciones de la circulación financiera, estamos en una sociedad que posee sólo formas democráticas ficticias. Esa es la aspiración de quienes están por detrás de ese denuncismo desenfrenado, ésa es la escritura que elabora los guiones del neogolpismo folletinesco. Su aspiración no es lo justo, su estrategia busca erosionar a quienes lograron cortar la hegemonía indisimulada de aquellos que convirtieron, durante décadas, al país en una agencia del capital financiero.
Se llaman noveleramente paraísos fiscales, con un eufemismo sorprendente, a formas nacionales o territorios sostenidos por una suerte de ilegalizada legalidad en el alto capitalismo. Nuestro país es soberano, y sus problemas económicos y sociales, que no son pocos ni desconocemos, del mismo modo que señalamos los logros de esta década, sus ámbitos de discusión, que deberían ser más amplios y sus falencias en el debate público son evidentes –sólo pensar en el nombre de la etnia qom basta para ejemplificar muchos otros casos– no puede limitarse a enlatados de televisión con novelas seriales de grosera comicidad, donde se filman casas de funcionarios –aunque es cierto que hay que ser austero– y misteriosas cajas fuertes –es cierto que salidas de la imaginación de alguien que vio las formas físicas en que se representan el poder en películas como Batman o James Bond–. Sólo en novelas de Ian Fleming las cajas fuertes, los documentos públicos, las bolsas de dinero están en las cajas fuertes del poder, pues ésa es la representación empírica y prejuiciosa de lo que es abstracto y no mediato. Del poder sabe bien Goldman Sachs o los grandes financistas que pueden desencadenar guerras sin tener siquiera un bóveda debajo de la escalera de su casa.
Pero sabemos que este conjunto de palabras apunta a erosionar la figura pública de un ex presidente, en una acción que se torna una respuesta de music hall para problemas que merecen otro tratamiento. La marejada política del país llevó a la ley de medios, ésta a la necesaria reforma judicial, ésta a la consideración de la vida cotidiana bajo la normativa de lo justo, ésta a la nacionalización de numerosas empresas públicas, y todo esto debe llevar a nuevos estilos de discusión, donde en vez de verse los Dragones del Apocalipsis escondidos tras cortinados donde defienden con arbitrios y trompetas bíblicas sus cajas empotradas, hay que ver un gobierno que atraviesa distintos momentos y distintas dificultades, todos propios de la vida pública compleja, mundial y nacional, y cuyas explicaciones son más que obvias, por más que muchas medidas no se perciban totalmente eficientes. Pero lo cierto es que, una vez más, no lo atacan por lo que hizo mal sino por todo aquello, ya consignado, que ha significado un cambio notable y positivo en la vida del país. Lo atacan, y esto más allá de los errores y de los aciertos en esta larga batalla política, porque saben que la continuidad de este gobierno amenaza, como nunca antes, sus privilegios. Lo atacan, hasta la náusea y utilizando todos los recursos a su alcance, por haber reinstalado, en nuestra sociedad, la idea de que lo justo no constituye una quimera inalcanzable o una reflexión académica, sino la práctica posible de un proyecto sostenido en los principios de la igualdad y la ampliación permanente de derechos. Lo atacan porque Videla murió en la cárcel y porque propone, con más costos que beneficios, que la Justicia puede y debe ser reformada.
Sin desconocer problemas, sin admitir que se violente la dignidad de la función pública, sin aceptar que bajo una cita de Jefferson o Madison se nos diga que no entendemos de los ordenamientos judiciales, que son producto de sociedades historizadas y no paralizadas por sus clases poseedoras, sin argumentar con excepciones vigentes sólo hacia nosotros mismos, todo ello nos habilita a señalar a una prensa que primero le dice golpista al Gobierno –como se lo dijeron a Yrigoyen para después poder golpear ellos– sin pretender que las instituciones están al margen de una vivaz discusión cotidiana, hacemos un llamado a quienes siguen formando en la consideración hacia este gobierno a pesar de su dificultades –que llamamos a discutir– y de las izquierdas democráticas a quienes llamamos a deliberar sobre la base de un mismo sentido común: el sentido de lo justo, madre de las inclinaciones históricas hacia un latinoamericanismo emancipado, una economía y tecnología sin agresiones al medio ambiente y un sector progresista de la sociedad que sin dejar de criticar a la corrupción, como nosotros mismos lo hacemos, no haga de este concepto una sentencia visual de jueces autoerigidos, de togados mediáticos donde en vez de pruebas necesarias, que lleven a prisión a quienes sea necesario, como en el caso Pedraza, sirvan apenas para la tarea menor de ser coadyuvantes de una comedia desestabilizadora que nos introduzca a una nueva tragedia argentina.

Pero también destacamos, con el mismo énfasis, que en la semana en que se cumplen los primeros diez años de este gobierno somos testigos de un país que ha logrado reencontrarse con aquello que se había extraviado, primero en la noche oscura de la dictadura y después bajo la impunidad neoliberal, y que fue recuperado por la voluntad de ese mismo hombre al que hoy buscan caricaturizar como si fuera el arquetipo del avaro y custodio de bóvedas donde se guardarían riquezas fabulosas. Nos referimos a un país que vuelve a colocar en el centro de sus disputas y debates las cuestiones fundamentales de la igualdad y de lo justo. Una década en la que la reconstrucción de la política se transformó en una de las claves decisivas para volver a soñar con un país más justo, libre y emancipado. Eso es lo que está en juego en esta hora preñada de dificultades y desafíos. Ellos, los inspiradores de tanto odio, lo saben: es ahora cuando tienen que golpear despiadadamente. Nada más horroroso, para su visión alucinada, que la consolidación y la ampliación de un proyecto que vuelve a hacer visibles a los invisibles de la historia. Eso, nada más ni nada menos, es lo que ha estado y sigue estando en disputa en esta década atravesada por cambios notables y nuevos desafíos que, eso pensamos, deberían, siempre, ir en busca de una sociedad más justa.

sábado, 16 de marzo de 2013

QUÉ NOS PASA CON FRANCISCO ?...


En primer lugar, es una designación que nos sorprendió, ya que los medios lo habían prácticamente descartado de entre los cardenales papables, aduciendo que se había pasado de años. Y la mayoría de nosotros ya había aceptado esa teoría que parecía ser razonable.
Y cuando salió elegido, quienes defendemos a este gobierno y a este proyecto, entendimos que había sido puesto en la cima de una de las entidades más poderosas del mundo, alguien que no nos quiere, ni a nosotros ni a los procesos nacionales y populares latinoamericanos, y que además ha obrado políticamente de manera de concreta en contra de nosotros, y a favor de la oposición.
En este sentido, es realmente lógico que esta designación sea preocupante: los genocidas juzgados por las matanzas del campo de exterminio de La Perla, aparecieron en la audiencia posterior a la designación de Bergoglio, con escarapelas papales en homenaje al nuevo pontífice; los medios dominantes que constituyen la más importante oposición política en nuestro país, inmediatamente salieron a ensalzarlo creando un potentísimo escudo mediático, intentando liberarlo de toda mácula producto de sus acciones del pasado.
También nos queda picando la posibilidad no probada de que haya sido entregador de quienes confiaban en su protección cuando era el principal de los Jesuitas argentinos; la debilidad de no haber hablado, al menos como otros obispos lo hicieron, en plena matanza dictatorial; su actitud permisiva y hasta protectora del condenado cura pedófilo Grassi , o su silencio conciliador con las declaraciones de Baseotto que proponía arrojar un ministro al río.
Es decir que lo que nos preocupa de Bergoglio, no tiene que ver principalmente con el destino de la iglesia universal sino lo que pueda significar de malo su nombramiento para el destino de nuestro país y el de los países progresistas de América Latina, porque pensamos con lógica, que no hay motivos para que deje de operar en contra, y que ahora su poder de hacernos daño teóricamente es mayor. Así de simple.
Creo que no alcanza este razonamiento para entender o pronosticar lo que va a ocurrir de aquí en más en la relación entre la iglesia y los gobiernos progresistas de America Latina.
Bergoglio está remplazando a un Papa que, cosa nunca vista, ha renunciado por no poder lidiar con la crisis enorme y de todo tipo que está atravesando la Iglesia. No es posible creer que Ratzinger haya renunciado para que se pueda poner a un papa latinoamericano que se oponga a los gobiernos populares de América latina.
Benedicto no era un Papa debilucho y cándido. Es un fundamentalista, militante juvenil de la derecha más aberrante de la historia humana, presentado en su asunción como el jefe de los duros de la iglesia, un promotor del retroceso ideológico, que abandona porque la magnitud de los problemas lo ha superado.
La pedofilia a llegando niveles de conducción, la crítica situación económica del Vaticano, el abrumador éxodo de fieles hacia otras confesiones, la pérdida de prestigio etc., etc.
En ese contexto, los 115 príncipes de la Iglesia Católica se han convencidos de que Bergoglio es la persona capaz de resolver ese galimatías, y seguramente que de paso suponen que puede contribuir mejor que un europeo, a disminuir la sangría de fieles en el subcontinente americano.
Estas personas que no son niños de pecho, le han confiado a Francisco en una veloz elección, la tarea de sacarlos del quilombo en que se encuentran metidos hasta las orejas.
Bergoglio los ha convencido de que él es el indicado, que él puede hacerlo. Y ellos le han dado crédito.
Qué pensamos de Bergoglio quienes conocemos sus manifestaciones públicas?
Creemos que una persona como él supone que los males de la iglesia provienen de afuera de ella, o que son producto de sus propias fallas?
Creemos que Bergoglio piensa que se pierden fieles porque hay muchos Chávez avanzando en América latina y en el mundo, o porque la Iglesia no se preocupa por los pobres?
Que la iglesia pierde prestigio porque los gobiernos no la apoyan, o porque hay muchos curas pederastas?
Que las acusaciones de corrupción son meras falacias difundidas por el eje del mal, o porque aun la gente recuerda a Roberto Calvi -presidente del banco Ambrosiano -colgando de un puente en Londres?
Pensamos que Bergoglio cree que los fieles españoles y griegos están contentos con la actitud pasiva de la iglesia mientras ellos se suicidan porque los bancos los arrojan a la calle?
Pensamos que Bergoglio cree que las redes sociales – el mensajero- son culpables de la crisis o que la misma iglesia es la produce los hechos que se difunden?
Bueno, la respuesta a estas preguntas pueden orientarnos, aproximarnos a lo que puede ser y durar el mandato de Francisco.
No hay manera de imaginar una iglesia rectificando el camino, que no deba tener posiciones más progresistas que las que ha tenido. No puede tener muchas más tácticas de derecha y reaccionarias, porque es esa dirección la que la ha llevado a donde está y desde donde creo que quiere salir.
Podemos dudar de si Bergoglio lo hará por Cristiano o por inteligente, pero la lógica, el sentido común indica que una persona inteligente, no puede avanzar por el mismo camino que claramente conducía al abismo.
Si fuera muy , muy inteligente, lo debiera hacer por espíritu cristiano, no?.

lunes, 11 de febrero de 2013

EL PRONTUARIO DE LOS JEFES POLICIALES DE DE LA SOTA La maldita cordobesa



El reciente nombramiento de Ramón Ángel Frías al frente de la policía cordobesa trajo a la primera plana de los medios nacionales el debate sobre cuánto se adecuaron a los tiempos democráticos las fuerzas de seguridad y en qué medida siguen manejándose con la lógica del terrorismo de Estado. La decisión de poner a Frías en el cargo fue tomada a fines del año pasado por el ministro de Seguridad provincial, Daniel Alejo Paredes, el ex jefe policial elegido por José Manuel de la Sota para hacerse cargo de un eje que es parte esencial de su proyecto presidencial. De esta manera, el gobernador de la provincia mediterránea busca perfilarse como un hombre de mano dura, planteando como principal política empoderar cada vez más a la policía, que todavía no puede despegarse de sus lazos con la dictadura, que se constatan día a día, ante la catarata de denuncias de amenazas, apremios, torturas y hasta desapariciones. Las víctimas, preferentemente jóvenes.
Detrás de la dupla Paredes-Frías hay una fuerza con comisarías denunciadas por extorsiones y también por “fabricar” cifras, es decir, producir detenciones arbitrarias con tal de llenar un mínimo por turno. Todo sea para satisfacer las ansias de más seguridad, una seguridad que en Córdoba –y en todo el país– se muerde la cola: a más policías con más poderes, pareciera haber mayor inseguridad. La policía de Córdoba tiene más de 20 mil efectivos. Si se toma la cantidad de policías per cápita, la fuerza cordobesa es una de las más numerosas del país. Según informó el gobierno provincial, hay un efectivo cada 168 personas; en las provincias de Santa Fe, Mendoza y Buenos Aires esa relación es de 188, 205 y 273 habitantes por cada agente, respectivamente.

No bien fue nombrado, Frías quedó en el centro de la polémica. Pesaba en su contra una denuncia, de 2009, por amenazar al por entonces comisario Julio Giménez, querellante y testigo en una causa de derechos humanos. Giménez sostiene que Frías le dijo “vas a tener el mismo fin que tu papá”. Se refería a Alberto César Giménez, que era secretario general del gremio de Pasteleros y fue asesinado en febrero de 1976, según todo indica por el Comando Libertadores de América, organización parapolicial. Giménez, que en ese entonces tenía 11 años, entró a la policía para esclarecer el crimen. Pero desde hace tres años recibe amenazas y todo tipo de inconvenientes administrativos. El último apriete que sufrió, según denunció, se produjo apenas unas horas después de que Frías quedara a cargo de toda la policía cordobesa en reemplazo de Sergio Comugnaro. Fue el 28 de diciembre último. Unas horas después, unas motos policiales siguieron a Giménez hasta su casa, donde vive con su mujer y su hijo de 9 años. Apenas pudo hacerlo, el ex comisario amenazado efectuó la denuncia en la Justicia.

Ante el poco eco que dice haber encontrado con las autoridades locales, el ex policía viajó el pasado miércoles 6 de febrero a Buenos Aires junto a su abogado, Hugo Vaca Narvaja, para entrevistarse con el ministro de Justicia, Julio Alak, y el secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda. “Frías está investigado en la Justicia federal y lo ascienden a jefe de policía. En Córdoba, la policía trabaja con los mismos métodos de la época de plomo de la represión. Sólo que son más diplomáticos. Siento pena, si a mí me hacen esto de apretarme, sabiendo que soy policía, ¿qué le queda al ciudadano común?”, se preguntó Giménez en diálogo con esta revista, instantes antes de entrar a hablar con los funcionarios nacionales. El tema cobró relevancia luego de la publicación de una nota de Guillermo Posadas, en la edición cordobesa de Veintitrés, que a su vez levantó el diario Tiempo Argentino, en la que Giménez responsabilizó al gobernador provincial por su seguridad. “¿Cómo puede ser que De la Sota desconozca el tema? Comprendo que tiene una apretada agenda laboral y asuntos más importantes que el mío, pero nadie me llamó de su parte para interesarse. Lo hago responsable de cualquier cosas que me pase a mí o a mi familia”, advierte Giménez, que conoce muy bien a quienes están al frente de la seguridad en Córdoba. “A Paredes lo conozco bien. Fuimos compañeros de promoción, hermanos de camada. En 2007, cuando asume, nos cita a todos los integrantes de la promoción, uno por uno, a ver qué necesitábamos. Le dije que había denunciado el asesinato de mi padre en la fiscalía, como crimen de lesa humanidad. Le dije que quería que se entere por mi boca, yo no sabía de su vínculo con Yanicelli. Me abrazó y me dio un beso, el beso de Judas. Me dijo: ‘No te hagas problema, en lo que te pueda dar una mano te la voy a dar’”.

Carlos “Tucán” Yanicelli era policía, actualmente se encuentra detenido por el rol que jugó en la dictadura como integrante de la D2, la dirección de investigaciones de la policía cordobesa, que funcionó como centro clandestino de detención.

El ministro Paredes nació el 3 de marzo de 1963. Siendo oficial principal, fue parte de la brigada de Yanicelli. Constituyeron un vínculo perdurable: el “Tucán” es padrino del hijo más grande de Paredes, que prefiere mostrar en público su costado cosmopolita. De la mano de la politóloga Alejandra Monteoliva, consultora de la gobernación cordobesa, forma parte de la Asociación Colombiana de Criminología. Según asegura en su currículum, hizo sus especializaciones con el Departamento de Estado de Estados Unidos, la Policía Nacional Francesa y la Policía de Israel, “promovido por la industria militar israelí”, según dice el CV, donde asegura que hizo un curso SWAT en Nueva Laredo, Texas, entre otros entrenamientos. Fue jefe del Equipo Táctico Especial Recomendado (E.T.E.R.) de 2001 a 2007 y jefe de la División Antisecuestro entre 2004 y 2006. Llegó a jefe de la policía cordobesa en 2007 hasta 2011, cuando De la Sota lo nombró ministro.

Para Hugo Vaca Narvaja, abogado de derechos humanos, los vínculos entre la policía del presente con la del pasado dictatorial son evidentes. Según recordó, durante el terrorismo de Estado “todo militante que detenían, todo supuesto delincuente subversivo, pasaba por el D2, donde lo tenían una semana o diez días torturándolo”. Y agregó que “en el año ’94 Luis Urquiza, que era policía, fue secuestrado y torturado y se tuvo que exiliar, denunció que quienes lo habían torturado habían sido sus compañeros en la policía. Se lo comunicó al hoy diputado nacional Oscar Aguad, que era ministro de Gobierno, quien le ofreció seguridad. A Urquiza luego lo amenazaron y se tuvo que ir a Dinamarca”.

Vaca Narvaja confirmó que Carlos “Tucán” Yanicelli era integrante del D2 y fue instructor de la escuela de policía. “Durante el gobierno de Mestre llegó a número 3 de la policía provincial. En el juicio a Videla le dieron cadena perpetua, se lo identifica como uno de los que llevaban y torturaban a la gente. Por eso la trascendencia del tema cuando Frías amenaza a Giménez y le dice ‘dejate de joder con eso del D2’. Frías es hijo de un policía que actuó en la misma época que actuaba Yanicelli. No sabemos si el padre de Frías tuvo alguna conexión o no con el D2, lo estamos investigando”, relató el abogado.

A través de su currículum se puede saber que Frías es técnico superior en Seguridad y concluyó las carreras de Abogacía en la Universidad de Córdoba y la Licenciatura en Seguridad en Villa María. Nació el 1 de junio de 1961 y fue titular de las seccionales 6ª y 7ª de 2001 a 2004, jefe del Comando de Acción Preventiva 2005, jefe de la Departamental Punilla nombrado en 2007 hasta 2009, cuando fue ascendido a comisario general y designado integrante del Estado Mayor Policial y director general de Departamentales Sur. Luego se desempeñó como director general de Seguridad Capital en 2012. En su trayectoria, Frías tuvo una serie de causas penales que prescribieron, pero que aún generan dudas. Fue acusado de extorsión, de lesiones culposas e incluso fue sospechoso de dos homicidios. Sin embargo, las investigaciones no prosperaron y nadie pudo demostrarle nada.

Hasta el momento, su mayor exposición mediática había sido en oportunidad de dirigir la represión contra la marcha de estatales, el año pasado, donde los manifestantes y legisladores opositores denunciaron que la policía actuó de manera desproporcionada. También es conocido por sus declaraciones en defensa del Código de Faltas, una normativa muy criticada en la provincia por los defensores de los derechos humanos que sostienen que criminaliza a la juventud, ya que son quienes sufren en carne propia la aplicación de esa normativa. Las últimas cifras, de 2010, indican que el total de detenciones por el Código de Faltas informadas por los distintos departamentos de la provincia ascienden a 54.223. Un 44% son jóvenes de entre 18 y 25 años; 8% de entre 26 y 35; más de 45 años, el 17,4%; de 36 a 45 años, el 8,7%; y menores de 18 años, el 5,2%. De acuerdo con la Campaña Nacional contra la Violencia Institucional, en Córdoba, “cada 10 minutos se llevan a un pibe detenido por el Código de Faltas”.

Viviana Alegre, madre de Facundo Rivera Alegre, que tenía 19 años y está desaparecido desde el 19 de febrero de 2012, no tiene dudas: “A mi hijo lo desapareció la policía y del gobierno provincial nunca me ayudaron en nada, hasta me quisieron silenciar”, dijo la madre en conversación con esta revista. Su repudio al nombramiento de Frías es rotundo: “Con él va a ser peor, es un amante del Código de Faltas, que le da autoridad a la policía para comportarse como juez, la jefatura policial hace que cada policía detenga por lo menos a 10 personas”. La madre también denuncia que la policía y el gobierno quieren aplicar el Código de Faltas en las manifestaciones sociales. Sin embargo, no se deja amedrentar y anunció que el primer aniversario de la desaparición de su hijo realizarán una marcha y festival para denunciar el caso, que tiene muchas semejanzas con el caso Luciano Arruga en la provincia de Buenos Aires.

A partir de lo que denuncia Alegre sobre la exigencia de un mínimo de detenciones por día que se les hace a los policías, se produjo uno de los casos de jefes sospechados por su mal proceder. El comisario Pablo Márquez, que era jefe de División del Comando de Acción Preventiva, es investigado por abuso de autoridad a raíz de una denuncia efectuada por una policía que lo acusó de ordenar detenciones arbitrarias para elevar las estadísticas policiales, más allá de si los detenidos hubieran cometido o no contravenciones o delitos. La denunciante fue amenazada de muerte. La investigación judicial sigue, pero se sospecha que esto es una práctica extendida a toda la fuerza.

En diálogo con esta revista, el referente provincial del Movimiento Evita, Ricardo Vissani, que estuvo en el D2 detenido, exigió “la inmediata renuncia de Frías”. Para el dirigente, el Código de Faltas es “medieval”. El Movimiento Evita denunció un brutal caso de abuso policial hacia militantes juveniles de la organización. Sucedió el pasado 26 de enero, cuando unos jóvenes que venían de “Jornadas Solidarias” por sus compañeros baleados en Bº Nuevo Alberdi, Rosario (ver recuadro), uno de 19 años y dos menores, iban en taxi al Barrio Comercial. Fueron interceptados por un control policial. Al ver sus remeras, los arrojaron violentamente al piso, los apuntaron con armas largas y revisaron todas sus pertenencias, al tiempo que los amenazaban diciéndoles “ustedes son todos terroristas, los conocemos bien, sabemos dónde viven, si queremos los hacemos desaparecer”. Visanni llamó a que “se terminen los nexos que mantuvieron lamentablemente los dos gobiernos radicales y los peronistas entre comillas que gobernaron hasta ahora la provincia”.

En el Informe 2012 de la Coordinadora Anti Represiva de Córdoba se puntualiza que “los gobernantes otorgan más poder a las fuerzas de seguridad, cobra mayor evidencia la connivencia entre los agentes policiales y sus cúpulas de mando, con el crimen organizado, el narcotráfico, la trata de personas para la explotación laboral y sexual y demás entornos y actividades delictivas. La Policía de la Provincia de Córdoba promueve la actividad delictiva”. Lucrecia Fernández, integrante de dicho organismo de derechos humanos y del Frente Popular Darío Santillán, planteó que “hay una política de De la Sota de poner cuatro policías por cuadra y llenar todo de cámaras”. Respecto de cómo funciona el polémico Código de Faltas, Fernández recordó que a Alegre “lo detenían constantemente, por portación de cara” y ahora no investigan porque “no quieren que (la investigación) vaya más allá y se destape todo lo que realmente pasó”.

Fernández, en sintonía con la madre de Facundo Alegre, planteó que “hay un plan sistemático de aumentar la represión, al Código de Faltas se le suma la Ley Antiterrorista, persiguen a quienes se movilizan, como sucede con quienes protestan contra Monsanto y sus fumigaciones. La violencia policial es contra los jóvenes pobres y también contra los de las universidades, adonde la policía ingresa violando la autonomía universitaria”. La militante dijo que reciben “cada vez más denuncias de casos de abusos policiales. Detienen mucho a artesanos, sobre todo si son extranjeros. Les pegan, los dejan incomunicados. Hay mucha tortura. La policía siempre dice que hubo ‘resistencia a la autoridad’. Si se escucha lo que dice De la Sota es claro, habla todo el tiempo de ‘seguridad’, va a recrudecer la represión”.

miércoles, 6 de febrero de 2013


“De la Sota cree que tiene una República”

Así lo indicó el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Martín Fresneda quien agregó que el gobernador “está cercando a la provincia”.

BUENOS AIRES - El secretario de Derechos Humanos de la Nación,Martín Fresneda, aseguró que el gobernador de Córdoba, José Manuel De la Sota, "está convencido de que tiene una República y está cercando a la provincia”.
Fresneda recibió junto al ministro de Justicia, Julio Alak, al ex comisario retirado Julio Giménez, quien fue a denunciar la situación de persecución que vive por parte de la policía provincial de Córdoba desde que investiga el crimen de lesa humanidad de su padre (Alberto “El Oso” Giménez secretario general del gremio de pasteleros), ocurrido en febrero de 1976.
El secretario manifestó, respecto a este caso -donde el principal denunciado por amenazas es el actual jefe de policía de la provincia, Ramón Frías-: “Cuando tengamos la oportunidad hablaremos con las autoridades de Córdoba, que tampoco atienden mucho los teléfonos”.
En cuanto a las denuncias de persecución por parte de la policía provincial a Giménez que no fueron escuchadas por el gobierno de la provincia, el secretario dijo que “es un retroceso para los avances en materia de juzgamientos en crímenes de lesa humanidad que la provincia venía teniendo”.
“Vamos a tener que implementar mecanismos de mayor coordinación con el gobierno de la provincia y si no lo hace va a tener que actuar fuertemente la justicia”, afirmó Fresneda, y concluyó: "Cualquiera puede candidatearse a presidente si quiere pero que no lo haga cercenando los derechos de los ciudadanos”.

viernes, 25 de enero de 2013

Por Luis Rodeiro:¿Cómo quebrar la hegemonía delasotista?


Lo que sigue es un interesante análisis de la realidad política Cordobesa, con una propuesta concreta hecha por Luis Rodeiro, en la revista el Avión Negro, y que me parece que ademas de interesante, puede ser un buen disparador para el debate sobre lo que se debe hacer en nuestra provincia para intentar quebrar la hegemonía neoliberal.
Seguramente generará polémicas y diferencias que sería bueno se expresaran de manera pública y abierta.
Rodeiro hace una propuesta concreta, con el nombre y apellido de Carolina Scotto. Habrá quienes lo aprueban, quienes lo reprueban desde una visión distinta de la política, o desde la ideología. También habrá quienes se sienten con derecho o titulos para competir por su lugar, y por supuesto quienes simplemente se opondrán por oponerse. Lo importante sería aprovechar la oportunidad para debatir con fundamentos y aportes. Todos andamos buscando un aglutinante que no aparece. Lo busquemos entre todos. El planteo de Luis Rodeiro me parece muy útil.

Humberto Vera
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Luis Rodeiro.
Una visión personal para la polémica

¿Cómo quebrar la hegemonía delasotista?
Comenzamos a transitar el 2013 y la pregunta obligada –desde la pertenencia al kirchnerismo y
desde nuestra Córdoba hegemonizada por el modelo neo-liberal que encarna en plenitud el “cordobesismo”- no puede ser otra que cómo construimos nuestra propia alternativa. Es el debate
que nos debemos, sin tapujos, sin medias tintas, abierto a todas las expresiones que participan distintas instancias en el movimiento nacional, popular y democrático. El avión negro, como expresión plural del kirchnerismo, es el espacio para ese debate que comienzo –desde una visión
personal- sin otro objetivo que la búsqueda de una respuesta a esa pregunta elemental: ¿Cómo quebrar la hegemonía delasotista?

1. El Punto de partida
A pesar de todos los esfuerzos es evidente que desde la organicidad, el kirchnerismo no ha logrado convertirse en una opción para el electorado provincial, acorde con la potencialidad del movimiento nacional, popular y democrático a nivel nacional. Dichos esfuerzos son innegables: en todos estos años han surgido distintos grupos afines, que trabajan desde el territorio barrial, desde la universidad, de la inserción en movimientos sociales, con experiencias riquísimas, pero a pesar el empeño no han cuajado en una alternativa colectiva. Hay referentes importantes, imprescindibles para cualquier proyecto de construcción, pero que no han logrado trascender su individualidad hacia un liderazgo colectivo. Si queremos mirar el presente y el futuro del kirchnerismo cordobés, debemos bucear en serio en las causas de esta distorsión entre los esfuerzos y los resultados políticos.
2. El tacticismo versus la estrategia
Desde mi visión personal las urgencias para dotar de fuerza al kirchnerismo cordobés alentó que la táctica se impusiera sobre la estrategia y se apelara entonces a la opción por atajos frustrantes, en vez de la opción por un camino que resultara claro para la sociedad. Ese sentido de urgencia, esa tendencia a resolver por arriba lo que se construye desde abajo, tiene como base dos errores conceptuales. Por un lado, la percepción de que el delasotismo, en su carácter de “dueño” del peronismo local, podía tener una cierta afinidad con el kirchnerismo, negándose a un análisis profundo de los hechos que tornaban esa posibilidad como una quimera. El tacticismo, exigía no romper, con el delasotismo, con la esperanza de que el proyecto personal de De la Soja, coincidiera “oportunísticamente” con las necesidades del movimiento popular. La política real del cordobesismo, a través de los gobiernos de De la Soja y Schiaretti, no podían alentar ninguna posibilidad de alianza, ni siquiera coyuntural. Por otro lado, la negación voluntarista de la construcción de la hegemonía hacia adentro del justicialismo, que no dejaba y que no deja lugar a ningún tipo de disidencia, salvo la sumisión plena al Emperador De la Soja. Porque es cierto que esa táctica es la que había realizado el propio Néstor, con la diferencia fundamental que lo podía hacer desde su condición dominante como presidente de la Nación y como presidente del justicialismo, mientras ensayaba alternativas a la conformación de su propio sujeto político, con la comprensión cabal que la fuerza a construir rebasaba los límites del peronismo, nutriendo de otras experiencias y dando lugar a la novedad de actores para muchos impensables. La táctica dependiente del delasotismo fue sin duda un fracaso. Lo dijimos desde Carta Abierta Córdoba, mucho antes que De la Soja comenzara a desnudarse vertiginosamente, mostrando la incompatibilidad total con el proyecto nacional en marcha.
3. Lecturas a distancia.
Lo he manifestado con anterioridad. En el predominio del “tacticaje” por sobre la estrategia, si bien hay responsabilidades locales, no puedo dejar de señalar la falta de autonomía de dirigentes y de grupos con dirigentes nacionales muy respetado pero que se equivocaban cuando imponían la lectura de la realidad desde sus despachos porteños y que, además, practicaban un tutelaje sobre dirigentes y grupos, que han dificultado el proceso de unidad más allá de manifestaciones efímeras donde se proclama, pero que se olvida el día después del acto. Esta tendencia no está abandonada, a pesar de los fracasos. Su supervivencia reaparece con nuevos atajos como por ejemplo el sueño afiebrado de “rescatar” a Schiaretti para quebrar al delasotismo o el impulso a la candidatura de Olga Riutort como cabeza de lista para las elecciones del 2013, de la que no son ajenos algunos referentes locales. No se trata de un purismo absurdo, sino que la alianza con quienes tienen proyectos propios en todo caso- deben realizarse desde la consistencia de una fuerza propia, con una conducción clara. No es lo mismo, para la construcción estratégica de esa fuerza propia, ser locomotora que ser vagón de cola. Es cierto, hoy por hoy, no somos locomotora, pero podemos trabajar para ello. Ser vagón de cola, en cambio, es mera resignación, es una renuncia que no se condice con el espíritu militante de Néstor, que torció aquel 22 % original.
4. La experiencia.
Así como la primavera camporista fue simbólica en la propuesta kirchnerista para rescatar al peronismo de su desviación prostibularia y abrirlo a la confluencia con otros componentes del campo popular, significando que de alguna manera se retomaba un camino, a la vez que se incorporaba una nueva lectura de la realidad; en Córdoba, la primavera inconclusa había que buscarla, precisamente, en la última experiencia de gobierno popular, el de Ricardo Obregón Cano y Atilio López. Sin duda, aquella fórmula en aquella coyuntura era la mejor síntesis política de las luchas populares, donde la particularidad del movimiento obrero cordobés antes, durante y después del “Cordobazo” había sido un eje fundamental, que se sumaba políticamente al triunfo categórico en la interna, sobre la derecha del movimiento.
La fórmula Obregón Cano- Atilio López, se inscribía así en la línea de una corriente del peronismo, quizá inmadura y adelantada para la potencialidad de la época, pero única con posibilidades de encarnar aquel carácter histórico del peronismo de ser “el hecho maldito del país burgués”, que reivindicaba Cooke.
Ese proceso político fue posible porque se eligió para el peronismo combativo, abierto a otros sectores del campo popular, un camino autónomo de los condicionamientos de la derecha. No fue fácil. Desde los cultores del “tacticaje”, se trataba de impulsar en nombre de una falsa unidad, la formula que si bien mantenía a Obregón Cano como candidato a gobernador, le adosaba un represente genuino de la derecha peronista como era el dirigente metalúrgico Alejo Simó. O, en su caso como alternativa, ponía a la cabeza al representante de la derecha política del peronismo cordobés, Julio Antún, reservando en ese caso la vicegobernación a un combativo como Atilio López.
Se rechazó este planteo de “falsa unidad”, que respondía a un mero oportunismo electoralista pero que no construía para una política de cambio y incluso se fue a elecciones internas, dando batalla e imponiendo la fórmula Obregón Cano- López, hecho hoy imposible por los cerrojos y los muros levantados por De La Soja, hacia el interior del Partido Justicialista, para asegurar el pensamiento único de la derecha remozada que representa.
Fue una experiencia vital, más allá de los errores, de las ensoñaciones y de las urgencias. Esa reivindicación de la autonomía de una propuesta clara, sin medias tintas, con un lenguaje inequívoco, permitió no sólo el triunfo electoral, sino el comienzo de una acción de gobierno progresista, que la derecha herida por su derrota frustró, pero que sin duda, marca un camino que nos empeñamos en reemplazar por atajos en el nombre sagrado de la táctica inmediatista.
En estos gobiernos – como los de Obregón, Bidegaín, Martínez Baca, Cepernic, Ragone- es donde se inspiró Néstor Kirchner para reconstruir la izquierda peronista, que es el único peronismo no aceptado por los grandes intereses. Como escribió alguna vez de forma visionaria, Nicolás Casullo: “En su rostro anguloso, en su aire desorientado como si hubiere olvidado algo en la mesa del bar, Kirchner busca resucitar esa izquierda sobre la castigada piel de un peronismo casi concluido después del saqueo ideológico, cultural y ético menemista (…). Por eso un Néstor Kirchner patagónico, atildado en su impermeable, con algo de abogado recién casado con la más linda del pueblo, debe lidiar con la peor (que no es ella, inteligente, dura, a veces simpática) sino recomponer, actualizar y modernizar el recuerdo de un protagonismo de la izquierda peronista que en los 70 se llenó de calles, revoluciones, fe en el general, pero también de violencia, sangre, pólvora, desatinos y muertes a raudales, y de la cual el propio justicialismo en todas sus instancias hegemónicas desde el 76 en adelante, renegó, olvidó y dijo no conocer en los careos historiográficos (…) Lo de Kirchner tiene el signo de la nobleza, del respeto a una generación vilipendiada con el mote de puro guerrillerismo”.
5. ¿Por qué Carolina?
La visión y el olfato político de Cristina, referente indiscutido hoy del movimiento nacional, popular y democrático, de pensar en Carolina Scotto, rectora de la Universidad Nacional de Córdoba, como alternativa para el kirchnerismo cordobés, trasunta la profundidad de su lectura de la realidad.
¿Qué realidad? La necesidad imperiosa de construir una fuerza propia, como alternativa al modelo neoliberal del delasotismo. No se me escapa del análisis que la propuesta original de Cristina con respecto a Carolina, se dio en la etapa en la que muchos creían –para mí erróneamente- que era posible una alianza con De la Soja y que ella podía actuar como contrapeso de las ambiciones y de la ideología del auto-líder del cordobesismo. Afortunadamente, De la Soja no estuvo dispuesto a ceder un espacio al kichnerismo, ni Carolina Scotto estaba dispuesta a abandonar una gestión de avanzada e impecable al frente de la Universidad, cuyos logros sintonizaban a pleno con el proyecto nacional y popular y que estaba a punto de concluir en la víspera de los 400 años con la apertura, más sólida y amplia, a la sociedad.
¿Por qué ahora sí? Porque para resolver la fragmentación del kirchnerismo, es fundamental contar con alguien capaz de sobreponerse por claridad ideológica y por voluntad militante a dirigentes y grupos que, a pesar de las declaraciones públicas, los deseos y en algunos casos los esfuerzos sinceros, no han logrado generar un espacio colectivo, una instancia común, en un marco interno, plural y democrático.
Evidentemente, no se trata de pensar que Carolina Scotto por sí sola puede mágicamente resolver la fragmentación kirchnerista, pero es la oportunidad histórica de superar las rencillas inútiles entre dirigentes con pasado y con nuevos referentes todavía muy aprisionados de sus estructuras grupales. La virtud de Carolina Scotto es poder representar con autenticidad la novedad del kirchnerismo, cuya columna vertebral es el peronismo combativo pero, a la vez, es un peronismo desbordado de sus límites, incorporando otras experiencias fundamentales que hacen al movimiento nacional, popular y democrático.
La construcción de esa alternativa, requiere además del impulso y el respaldo –sin pequeñeces- a Carolina, la puesta en marcha de todas las potencialidades que ofrece la actual militancia K, donde las tácticas estén al servicio de una estrategia y no tácticas fugaces que concluyen en atajos sin salidas. Debemos convocar a definir líneas de acción, a desarrollar proyectos que hagan referencia a la realidad local, a reunir intelectuales y profesionales en mesas de trabajo, en profundizar el trabajo territorial, en profundizar experiencias de la agrupaciones, en estar presente en las calles con nuestros candidatos, con nuestros programas, con nuestra opiniones como estructuras políticas unidas y organizadas.

domingo, 6 de enero de 2013

De Cristina a Darín


Estimado Ricardo Darín

De mi consideración,

Quiero en primer término felicitarlo una vez más por su trayectoria artística y por haber dado al cine argentino memorables actuaciones. Entre otras, El Secreto de sus Ojos y un Cuento Chino me parecen interpretaciones, sobre todo esta última, que no sólo evidencian su enorme talento sino que han logrado premios y reconocimiento internacional a nuestro cine.
¿No sé si sabe que soy una cinéfila total?

Pero bueno, como usted imaginará no le envío la presente sólo para comentarle la cartelera cinematográfica. Si. Acertó. He querido escribirle luego de leer en varios periódicos del día de hoy sus inquietudes e interrogantes: “Declaraciones sobre política del protagonista de la Luz de tus Ojos. Darín: Que alguien me explique el crecimiento patrimonial de los Kirchner”, titula hoy Clarín en página 24. Se ve que quien escribe la columna, que por otra parte no tiene firma, no ha visto sus películas, no por lo menos la que yo considero una de las más lindas, porque confunde el título. Vió. Nada que ver.

No quiero apartarme de una de las cuestiones centrales de sus preocupaciones: “Que alguien me explique el crecimiento patrimonial de los Kirchner”.

Es obvio que, por razones de público, notorio y doloroso conocimiento, - esto último por lo menos para algunos argentinos -, la única que le puede responder soy yo, Cristina. Y es precisamente una de las razones que más me movilizaron y decidieron a hacerlo. Es tan difícil que alguien que no está pueda defenderse que usted entenderá los motivos por los que le escribo.

Ricardo, permítame llamarlo por su nombre de pila como usted lo hace conmigo en su entrevista en la revista Brando, porque es más amigable y aleja toda posibilidad de pelea y confrontación que tanto parecen afectarlo. No quiero imaginar cómo se sentiría usted si alguien llevara carteles escritos por la calle insultándolo, deseando su muerte o festejando la de su compañero de toda la vida como me ocurre a mi en algunas manifestaciones opositoras. ¿Nunca vió alguna? Seguro que sus múltiples ocupaciones y compromisos propios de un artista exitoso le restan tiempo para una observación más completa de la realidad, pero no se preocupe, tampoco es culpa suya, seguramente los medios que usted lee no publican esa información.

Pero sigamos con el tema del crecimiento patrimonial. Quiero decirle que no ha habido funcionarios públicos, sean políticos, gobernadores, legisladores, intendentes, jueces o jefes de gobierno más denunciados penalmente e investigados por la justicia argentina en materia de enriquecimiento, que quien fuera mi esposo y compañero de toda la vida, y quien le escribe. No sólo se investigó a fondo sino que también se designó al cuerpo de peritos de la Corte Suprema de la Nación para que realizara pericias contables, que duraron meses, y concluyeron que no se había cometido ningún acto ilícito, lo que obligó al juez a desestimar las denuncias.

Nunca en toda la historia política de la Argentina se ha podido acceder a las Declaraciones Juradas de un funcionario público con mayor facilidad, frecuencia y publicidad que a las de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.
Ríos de tinta, fotografías, y todo lo que uno pueda imaginar en torno a una Declaración Jurada. Lo desafío a que intente encontrar lo mismo de algún funcionario público opositor ma non troppo, juez, gobernador, legislador o intendente.

Mire Ricardo, sin ir más lejos hoy otro diario, La Nación, propietario de la revista Brando donde usted formuló las declaraciones que llamaron mi atención, publica en su página 16 un reportaje al Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. No sólo me enteré de que mantiene sus ahorros en dólares (está en todo su derecho a hacerlo) sino que cuando el periodista le preguntó por el monto de sus divisas, se rehusó a contestar y declaró que el monto figura en su Declaración Jurada, que es pública. En un apartado de la nota los periodistas se se muestran luego sorprendidos porque además, cuando pretendieron acceder a la información, no se les permitió hacerlo.

Nadie parece preocuparse por ninguna otra Declaración Jurada que no sea la de “Los Kirchner” (sic). Sólo se conocen fotos de las casas en que vivíamos nosotros, y ahora habito solamente con mi hija. ¿Se publican fotos de las casas de gobernadores, jueces, altos magistrados, intendentes, concejales, legisladores actuales o de mandato cumplido? Sin embargo todo el país conoce mi casa, la de Rio Gallegos, y a pesar de que a pocas cuadras y en el mismo barrio viven dos legisladores de la oposición en casas mucho más importantes que la mía, nunca se vió una foto. ¿No le parece raro, Ricardo? Ni hablar de mi casa de El Calafate. Vió que los medios nunca van al Delta, Punta del Este, Miami. ¿Es extraño verdad?

Siempre me pregunto por qué siguen también la vida de mis hijos, dónde van, con quién, y nadie parece preocuparse de la vida rumbosa que esposas, hijos, hijas y otras yerbas de otros políticos llevan adelante en fiestas y viajes permanentes que parecen no tener fin. 

¿No le llama la atención? Me parece que las personas con tantas inquietudes e interrogantes deberían observar estas cosas. Pero sabe qué, después de todo, el haber sido y seguir siendo los únicos funcionarios públicos observados y fotografiados con tanta tenacidad, nos ha permitido demostrar que vivir en un país donde el único político investigado es el Presidente (o la Presidenta, como me gusta decir a mi), significa que vivimos con la más absoluta libertad. Eso sí, con la información más retaceada sobre otros funcionarios.
Sería bueno, sano y transparente para el sistema democrático si todas las Declaraciones Juradas de gobernadores, intendentes, jueces, magistrados, ministros de la corte, estuvieran a disposición de toda la sociedad, publicadas, analizadas y publicitadas como siempre lo son las de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

Usted quería que alguien le explicara. Ya se lo hemos explicado a la Justicia y a peritos de la Corte. Descarto, Ricardo, que usted confía en la Justicia. Usted mismo fue acusado y detenido por un juez en marzo de 1991, por el delito de contrabando de una camioneta que ingresó al país con una franquicia especial para discapacitados. Perdón, no le deseo el mal a nadie, pero menos mal que no estábamos “Los Kirchner” en el gobierno, o hubiera sido considerado una persecución política. ¿Lo recuerda? La verdad yo lo había olvidado, con tantas cosas en la cabeza, pero hoy entré a clarín.com y leí la nota “Un fallo benefició a Darín”, algunos de cuyos párrafos le transcribo:
Los jueces de la Sala A de la Cámara, Nicanor Repetto y Edmundo Gendler, consideraron que por el paso del tiempo la acusación contra el actor está prescripta. Pero se preocuparon por aclarar que el actor sabía que estaba comprando la camioneta en forma irregular.
"Debe descartarse bajo todo punto de vista la buena fe de la compra", apuntaron los jueces. Y advirtieron que el actor "tuvo una actitud claramente responsable".

Lo que leí y me llamó la atención en la entrevista de Brando, es su convocatoria a una reconciliación. Y disculpe si le digo que soy yo la que me gustaría que explicara que significa para usted “reconciliación” (no se sienta presionado o intimidado, si prefiere no hacerlo está en todo su derecho). Porque no vivimos en un país niño, como ha dicho usted y es el título de la nota de la revista Brando, sino en un país democrático donde cada uno es libre de decir lo que se le de la gana, y le aclaro que me encanta vivir así y no como lo hicimos durante los años de la dictadura. Por eso, ¿Cómo llamaría usted a un país donde nadie hablaba excepto las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo? Si este es un país niño, ¿aquel qué sería, un país in vitro?

Sigamos con el tema de la reconciliación. Me interesa saber a que qué se refiere. ¿A los juicios de lesa humanidad? Porque ha habido alguna jerarquía eclesiástica que se ha referido a terminar con los juicios por la memoria, verdad y justicia utilizando justamente el término “reconciliación”. O tal vez usted se refiera a que me reconcilie con quienes me desean la muerte, festejan la de Néstor o les gustaría destituirme. ¿No sería mejor pedir que cesen los insultos, las agresiones, los golpes a periodistas o la falta de respeto a la voluntad popular?

La palabra “reconciliación” goza de múltiples acepciones. ¿Con quiénes deberíamos reconciliarnos? Porque créame, no estoy peleada con nadie, aunque sí es público y claro que existen diferencias de pensamiento con respecto a nuestro proyecto de país, políticas públicas, la memoria, verdad y justicia... y eso es vivir en un país democrático. No ponerse de acuerdo también es un derecho, como lo es resolver de acuerdo a la voluntad y responsabilidad que el voto popular le ha asignado a cada uno, sin la menor soberbia, simplemente con la responsabilidad que me otorga la Constitución Nacional.

Usted define que el problema de nuestro país es la falta de “tolerancia”. Hubo un tiempo en que yo usaba esa palabra, sin embargo me di cuenta de que la significación de tolerar, era algo así como que te aguanto porque no me queda otro remedio, entonces decidí cambiarla por “aceptación”. Aceptar al otro, al diferente, al que piensa y actúa diferente. Piénselo, es más positivo que tolerar.

¿Recuerda usted algún otro momento del país con tanta libertad, libertad de palabra, de pensamiento y de acción?¿Recuerda usted que se haya tratado a un Presidente de la Nación como se me trata a mi desde medios, dirigencia opositora, etc.? No crea que me molesta, yo he vivido cuando era joven otro país que era el que cantaba Charly cuando decía “Los que están en los diarios pueden desaparecer, los que están en la radio pueden desaparecer, los amigos del barrio pueden desaparecer, pero los dinosaurios van a desaparecer”. Afortunadamente ya no estamos en esa etapa del país, aunque algunos dinosaurios resisten, atacan, impiden y algunas cosas peores. Estoy segura de que a usted los dinosaurios tampoco le gustan.

No lo distraigo más. Usted se preguntará y esta mujer, con todo lo que tiene que hacer, se ocupa de escribirme... Y debo reconocer que soy un poco cholula y usted es uno de mis actores preferidos. Hoy es sábado 5 de enero, víspera de Reyes, estoy en El Calafate, leí los diarios y me pregunté, por qué no explicarle a Ricardo Darín, algo que lo tiene tan preocupado.

Con todo mi respeto y admiración.

Cristina Fernández de Kirchner
Presidenta de la Nación Argentina

P.D.: Podría haberle contado también como se encontraba nuestro país en mayo de 2003 cuando Néstor Kirchner asumió con apenas el 22% de los votos, pero como nunca lo había escuchado hacer declaraciones políticas antes, en su extensa y exitosa trayectoria, supongo que debía estar más de acuerdo con el otro país que con este. No lo tome como reproche, está en todo su derecho. Ah! Me dijeron que su nueva película, un thriller (le aclaro que me encantan), es muy buena y desde ya me atrevo a recomendarla. Atentamente y con la misma consideración de siempre.

La Campora segun Larroque